Manuel Gavira (Cádiz, 1969) se presenta como el candidato de Vox a las elecciones a la Junta de Andalucía por primera vez. En los tres comicios que lleva optando ha salido con número uno diferente. Aunque Gavira es, por así decirlo, el que más rentable le ha salido a Santiago Abascal.
Asumió la portavocía en 2022 tras el experimento fallido de Macarena Olona, lleva en las filas voxeras desde 2014 y en el Parlamento desde 2018. Es decir, conoce bien las entretelas del partido que ha marcado la política andaluza de la última década.
De perfil disciplinado, de partido, ha ido labrando en la sombra su perfil de candidato serio cuando se sube al estrado. De político rocoso, que cuando parlamenta entona también con brusquedad esa política vociferante y a veces faltona que pregona Vox en muchos casos.
Un hombre de leyes
Desde una trayectoria de ‘hombre gris de leyes’ este licenciado en Derecho por la Universidad de Cádiz había dibujado su carrera profesional entre lo jurídico y lo profesional. Una experiencia que le ha servido para crecer en el escalafón de Vox, donde el personalismo de Abascal lo inunda todo.
Ese es el distintivo con el que se presenta Gavira, al que le brotan las canas de su frondosa cabellera en esa estética buscada de político solvente. Un candidato, el de Vox a los comicios del 17M, que enfoca con pausa pero con virulencia la actualidad política andaluza con esa mirada tras sus gafas de pasta.
Una estética cuidada de hombre de leyes que se pone el chaleco cuando toca ‹pescar› votos en zonas rurales, el otro gran nicho de la formación de ultraderecha.
La americana solamente la suelta cuando la cambia por el chaleco rural (el famoso ‘fachaleco’) en visitas a zonas rurales, uno de los nichos donde Vox quiere pescar sus votos que le podrían arrebatar la mayoría al PP.
Defensa de lo español y amante de Bad Bunny
Durante la precampaña, Gavira ha dejado pocas o ninguna propuesta concreta. Su discurso ha tendido más a las crítica del bipartidismo PP-PSOE. También ha aprovechado la novedad de la «prioridad nacional» en esa defensa de lo español que hace Vox también desde unas autonomías en las que el partido es ‹establishment› pese a no estar de acuerdo con ellas.
En esa defensa de lo hispano, llamó la atención que el aparentemente adusto aunque afable Gavira sorprendiera hace unos días en una entrevista de tono distendido en ‹Cadena Ser›. Dijo que le gustaba la música de Bad Bunny, el artista que ha hecho que las canciones en español con jerga del ‹slang› de Puerto Rico suenen en todo el mundo.
En marketing político nada es casual y todo está muy medido. Es por ello que Vox no quiere perder la oportunidad de entrar en otro gobierno como ha hecho en Extremadura y Aragón. Y resistirse al frenazo que vaticinan las encuestas. Gavira, con Abascal siempre a su lado, es el elegido por el partido más escorado a la derecha del espectro político: al menos de los que tienen opciones de entrar al Parlamento.



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