Debe ser verdad eso de que la política engancha. Antonio Maíllo (Lucena, Córdoba, 1966) había vuelto a ‘coger la tiza’ en 2019 tras un largo periplo en la política y un periodo delicado desde 2016 cuando le fue detectado un cáncer del que recibió el alta médica en 2021.
Pero volvió a aparcar la docencia para ponerse la chaqueta de político de nuevo en 2023 en un momento delicado de IU tras la renuncia de Alberto Garzón. Ahora se presenta bajo el sello de Por Andalucía, la confluencia que ha logrado unir a IU (el actual Sumar) con Podemos a regañadientes. Y con muchas dudas y críticas por parte de la facción morada.
El profesor de Latín y Griego, que conoce bien la geografía andaluza como maestro que ha dado clases en Aracena (Huelva), Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) o ha veraneado durante años en El Morche (Málaga), puede dar magisterio también sobre lo que se cuece en el Hospital de las Siete Llagas.
Desde el estrado del Parlamento confrontó en su día con la entonces presidenta Susana Díaz y el entonces opositor Juanma Moreno. Lleva a gala el latinajo de «suaviter in modo, fortiter in re» (suave en las formas, fuerte en el contenido, en las cosas).
Una forma de ser que, según dice, ha observado en el Papa León XIV. Y es que son viejas las conexiones Iglesia-comunismo. Maíllo es uno de esos izquierdistas que suele tener aceptación en las filas contrarias, especialmente en la bancada de la derecha que pese a sus críticas furibundas agradece su diplomacia y su tono no demasiado elevado.
Un amante de lo clásico en todas sus formas
Amante de lo clásico, de la voz de María Callas y de la llamada música culta, no es un izquierdista de nuevo cuño, de los de camisetas con mensajes. Maíllo aboga por una vestimenta rigurosa, normalmente con traje aunque sin corbata y enseñando calcetines.
Rehúye del tono actual de la izquierda de camisetas con mensajes y opta por un corte clásico en su vestimenta y sus gustos
Gran aficionado a la lectura que durante sus últimos años en las aulas estaba enfocado en la parcela bibliotecaria y en motivar a los alumnos que lean. De hecho, uno de sus grandes objetivos vitales pasa por crear un gran espacio para los libros en Aracena, el pueblo de Huelva donde fue destinado como profesor y que ha convertido en su refugio.
Esta forma de hacer política, apartada de las estridencias, ha hecho que siempre haya intentado separar su vida íntima de la pública. No obstante, nunca ha ocultado su condición sexual: dijo en las elecciones de 2015 que quería ser el «primer presidente gay» de la Junta. Un activismo por los derechos LGTBI que ha trasladado siempre a la política.
Las ‹peleítas de la izquierda›
Y en ese gusto por lo clásico, también se ha abonado a las ‹peleítas de la izquierda› que tanto le gusta decir al candidato de Adelante Andalucía, José Ignacio García. Esa fragmentación que dicen histórica de las formaciones izquierda y que parece difícil de revertir.
Las elecciones en otras comunidades autónomas y los propios sondeos no auguran grandes esperanzas para Maíllo y Por Andalucía. En esto influye mucho el factor de Adelante Andalucía, que ha cogido la ‹pole position› del espectro de la izquierda. En todo ello, habrá que ver la lectura de este político leído para adaptarse a un presente en el que el PP de Juanma Moreno anda muy sobrado.



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