A las 11.10 horas de la mañana del domingo 26 de mayo de 1985, los campogibraltareños dieron el mayor respingo de sus vidas tras el espantoso estruendo que reventó cristales de ventanas, balcones y lavaderos.
En el muelle de refinería la explosión del carguero Petragen One -que pasó a la historia como el Petrogen One por la confusión del momento- , y afectó al Camponavia, provocó la peor nube negra de la historia de la Bahía de Algeciras cubriendo los municipios del litoral, alcanzando al resto de poblaciones.
El polígono industrial reventó los corazones de quienes disfrutaban de un soleado domingo entre comuniones y familias. Un estallido que incluso rompió los esquemas de una romería del Rocío, donde cientos de peregrinos llegados de las distintas localidades campogibraltareñas, colapsaron los teléfonos públicos de entonces provocando colas interminables en las cabinas de Almonte. «¡Qué pase él, es de Algeciras! ¡Dejad que llame este señor que es trabajador de la refinería!». Romeros solidarios desde que la noticia que se difundía a una velocidad de vértigo a esa hora de la mañana.
El Petragen One, de bandera panameña, descargaba nafta. El Camponavia, español, se encontraba en el pantalán de la refinería de Cepsa y se sumó a la explosión. Testigos del momento afirman que se sintió en la Costa Sol. En Marbella el ruido penetró en los oídos de sus vecinos.
Las llamas parecían apoderarse del mar donde flotaban cadáveres y la gente sacaba a dos manos los cadáveres del agua. Imágenes dantescas como de una batalla sobrevenida
El fuego de ambos buques provocó llamas de los doscientos cincuenta metros de altura que convirtieron en un infierno las instalaciones de Cepsa y estremecieron las barriadas sanroqueñas de Campamento y Puente Mayorga. Las torretas de doce y trece plantas de La Línea de la Concepción eran vigías del ir y venir de bomberos, ambulancias, coches particulares y labores de rescate. Se abrió la frontera -que entonces solo tenía paso peatonal- y los bomberos de Gibratar se unieron a las labores de extinción.
Remolcadores que recogían a quienes nadaban apartándose de las llamas trasladándolos hasta el buque Camporubio que pudo permanecer aislado para poder finalmente trasladar hasta el astilleros de Campamento a los rescatados.
Las labores de extinción se iniciaron de inmediato. Los tripulantes se lanzaban al mar y el Camponavia se hundió inmediatamente. Los hombres que habían sobrevivido saltaban al mar. Las conducciones de nafta de la refinería seguían prendiéndose y los vecinos de Puente salieron a toda prisa dejando a sus espaldas todo lo que tenían.
Refrigerar. Esa fue la orden para todos los que se presentaron a apoyar. Trabajadores, profesionales sanitarios y de emergencias, bomberos. Todos se pusieron a disposición de los mandos responsables.
Una tragedia provocada por dos naves que se encontraban operando en el pantalán de la refinería mientras un posible contacto con el aire de los gases del interior del tanque de nafta -casi vacío- del Petrogen One con tripulación oriental y bandera panameña, explotó. Según las crónicas de la época parece ser que no hicieron uso del sistema de gas inerte mientras se vacía la carga.
Un barco de Campsa, el Camponavia, fue el siguiente en explosionar. Mientras una tercera embarcación logró huir del terrible escenario soltando a tiempo sus amarras, convirtiéndose en la nodriza que dio servicio a los remolcadores que evacuaban a los tripulantes que saltaron al mar con vida.



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